Mariana Lafont
May 18
|18:54
Y llegó el gran día! Iba a conocer las Cataratas del Niágara!
Tenía intriga de ver qué tan grandes eran en comparación a nuestras queridas Cataratas del Iguazú.
Bien temprano a la mañana estábamos en Union Station dispuestos a tomar el tren que nos llevaría a Niágara.
Viajamos en Amtrak ya que el tren seguía hasta Nueva York y, obviamente, me dormí las dos horitas de viaje.
Al llegar fuimos directo a un bus y nos llevaron a hacer el tour en helicóptero sobre las cataratas.
Sumaba un medio más de transporte en mi haber :) Nunca me había subido a uno!
Fue lo primero que hicimos ya que el clima parecía que iba a empeorar a lo largo del día y no queríamos perdernos la experiencia.





No bien se elevó sentí algo raro en el estómago pero por suerte se me pasó rápido :)

En minutos tuve una idea del entorno donde están las cataratas. Mucho más poblado y citadino que las de Iguazú pero igualmente llamativo desde el aire.
También se podía ver claramente Canadá y Estados Unidos, países que comparten los saltos de agua.
Y ahí estaba el río Niágara, bajando con mucha fuerza y con un interesante color turquesa.






Y luego bajamos a un subsuelo donde nos explicaron sobre el vino de hielo.









Y el salto principal, sin palabras.
Uno de mis compañeros de viaje admirando el paisaje.
Y se voló el tiempo! Diez minutos de vuelo (no sé, tal vez más ... estaba tan emocionada sacando fotos que ni noción tenía)
y aterrizamos.
Todavía tenía las vistas aéreas en mi cabeza cuando de vuelta subimos al bus y nos fuimos a recorrer los alrededores hasta llegar a una de las bodegas que hay en la zona.
Sí señores, hay producción de vinos en Canadá! Algo nuevo para mí también. Pero no hay en cualquier lugar ya que el clima es muy frío. Sin embargo, en la zona de Niágara las condiciones se dan bien.
De hecho, ese día noté que estando a sólo dos horas de Toronto la brisa no era tan fresca.
La bodega que visitamos fue Inniskillin.
Y antes que se largara a llover recorrimos un poco el lugar.
Lo primero que me llamó la atención fue este cartel que decía "Icewine" (vino de hielo), luego me llegaría la explicación.
Recorrimos la bodega mientras había más gente haciendo catas de vinos.
Y luego bajamos a un subsuelo donde nos explicaron sobre el vino de hielo.
Éste se originó en Alemania (donde se lo llama "Eiswein") y se trata de un vino hecho a base de uva helada con una fuerte concentración de azúcar.
La técnica consiste en dejar sobremadurar la uva, que recién se cosecha luego de la primera helada. De ese modo el agua se expande, rompe la cascarilla de la uva, se pierde agua y el azúcar se concentra.
Es una técnica que se usa en zonas frías de Alemania y Austria con variedades como Gewürztraminer y Riesling, pero también con Chardonnay, Cabernet franc y Viidal (en Canadá).
Además de Ontario, en Canadá se hace esta técnica en Quebec y en Columbia Británica.
Luego de la recorrida vino un buen almuerzo con más vino y la degustación de los vinos de hielo con el postre!
Sencillo, delicado y exquisito.
Lo ideal es tomar el vino de hielo como un vino de postre. O sino degustarlo solo en la sobremesa después de la comida. Se toma en pocas cantidades, ya que es para disfrutarlo y saborear sus aromas mágicos.
Yo pude degustar tres variedades diferentes (cada una con un postre distinto) y el champagne (que iba con todos los postres). Así quedé!
Y así, con todo ese dulce en mi cabeza volvimos hacia las cataratas del Niágara, pero esta vez a vivirlas desde adentro.
Equipados con unos pilotines amarillos bajamos por un ascensor y llegamos a unos túneles que están detrás y al costado de los saltos.
En algunos no se veía nada pero el ruido de tanta agua cayendo era ensordecedor.
Parecía increíble estar tan cerca de tanta agua.
Otro de los túneles daba a este mirador donde había algunos valientes que se animaban a salir y mojarse un poco.
Y soplaba viento!
Esta es una de mis preferidas.
Agua y nube fusionadas.
El mirador que les contaba.
Y luego salimos para apreciar la "vista tradicional" del salto más grande. Éste tiene 52 metros y, para que se den una idea, la Garganta del Diablo en Iguazú tiene 80 metros.
Realmente es impresionante.
Se venía el atardecer.
Y yo seguía hipnotizada por el agua :)


